La labor del bibliotecario en el ámbito carcelario

Por lo general, las personas encarceladas tienen un gran número de necesidades insatisfechas que se traducen en una gran demanda de información, materiales didácticos, medios para la superación personal. La biblioteca, en cooperación con otros programas de la prisión, puede desempeñar un papel vital a la hora de satisfacer estas necesidades. Es probable que un recluso que quiera emplear su tiempo constructivamente se convierta en un usuario ávido de la biblioteca y que, cuando sea puesto en libertad, la biblioteca de la prisión pueda ofrecerle una gran cantidad de material relacionado con el trabajo y las profesiones además de información sobre la comunidad que puede ayudarle a superar los primeros meses críticos en el exterior.
En cuanto a la formación y al perfil del bibliotecario que trabaja en cárceles, probablemente la mejor base sobre la que construir una carrera en la biblioteconomía especializada en bibliotecas carcelarias sea una amplia formación académica en la biblioteconomía tradicional que incluya servicios de extensión bibliotecaria, alfabetización, recursos multiculturales, colecciones legales y materiales para el aprendizaje de discapacitados. Tanto mejor si esta formación también ofrece la oportunidad de seguir temas de interés especial y un período de prácticas en una biblioteca de prisión. Los bibliotecarios de los establecimientos penitenciarios con más experiencia pueden ofrecer a los estudiantes de bibliotecología un conocimiento profundo sobre su trabajo a través de conferencias, seminarios y simposios (Lehmann, 2003).
La experiencia ha demostrado que los nuevos bibliotecarios de prisiones tienen mayores posibilidades de éxito si poseen una educación adicional o experiencia laboral en otras áreas como sicología, criminología, enseñanza, trabajo social o asesoría laboral. Los especialistas aseguran que la experiencia adquirida en bibliotecas –aunque no sean carcelarias- también ayuda a desarrollar su labor en un centro de detención (IFLA, 1995).
Debido a que muchos bibliotecarios de prisiones trabajan relativamente  aislados de sus compañeros del mundo exterior, es muy importante que participen en las asociaciones profesionales, se reúnan con otros colegas de prisiones o de otro tipo de bibliotecas para apoyarse mutuamente y resolver los problemas, participen en seminarios para mejorar sus habilidades y tener la oportunidad de comunicarse con otros profesionales a través del correo electrónico y de los grupos de discusión electrónicos (Pérez Pulido, 2003).
También es muy útil tener un tutor que actúe para que las nuevas camadas de bibliotecólogos puedan llegar a la experiencia de los profesionales con mayor antigüedad. Toda la formación académica, la cooperación en red y la experiencia laboral no garantizarán el éxito del bibliotecario en el entorno de la prisión. Hay que destacar que otras destrezas humanas son absolutamente esenciales y no todas se pueden enseñar. Es importante entender que mucha gente no tiene el carácter adecuado para trabajar en una prisión. Todo el personal que presta funciones en un establecimiento penitenciario debe comprender el objetivo de la institución y la dinámica de la comunidad penitenciaria. Este tipo de empleo, por tratarse de grupos humanos en situación de riesgo, exige una gran cuota de flexibilidad, paciencia, estabilidad emocional, una gran tolerancia y sentido del humor (Lithgow, 1996).
En la prisiones normalmente hay problemas y uno debe adaptarse rápidamente a las situaciones cambiantes, como son el traslado repentino de un interno, los arrebatos irracionales, los recortes presupuestarios y la desarticulación de los equipos de trabajo. Los bibliotecólogos más avezados en su práctica profesional en el ámbito carcelario, afirman que es esencial no perder la seguridad, ya que esto puede parecer como una debilidad.
En un ámbito tan inestable como es una comunidad penitenciaria, las situaciones límites abundan, ya que los internos están necesitados de atención, son muy exigentes e impacientes. A menudo un usuario acaparará la atención del bibliotecario dando como resultado el que se tenga que posponer otras tareas apremiantes. Los bibliotecólogos deberán ser conscientes de que no siempre se recibirá ayuda de las autoridades de la cárcel, por lo que la burocracia más de una vez operará en contra. Algunas decisiones administrativas pueden parecer arbitrarias. Es esencial el sentido del humor que alivia el estrés y calma las situaciones tensas (Lithgow, 1996).
Como se verá más adelante, el bibliotecario puede tener un gran impacto en la vida de los reclusos si es sensible a sus necesidades e intereses. La biblioteca es uno de los pocos lugares de la prisión donde el recluso puede sentirse a gusto y estar seguro de que sus peticiones serán atendidas. La receptividad hacen que se aprecie al bibliotecario y a la biblioteca.
La ayuda está relacionada con la sinceridad. Cumplir lo que uno promete da credibilidad, si el bibliotecario no la tiene ningún recluso le respetará a él o a la biblioteca. De igual modo son importantes la imparcialidad y la tolerancia. El bibliotecario debe sentirse cómodo trabajando con personas de muchas procedencias sociales, raciales y culturales diferentes y debe ser capaz de dejar a un lado cualquier preferencia personal cuando seleccione materiales y responda a las preferencias e intereses de los reclusos (Pérez Pulido, 2003).
Es igualmente importante tratar a todos de forma imparcial sin mostrar favoritismo, lo que también significa seguir las normas y procedimientos al pie de la letra con los reclusos que sean usuarios y trabajadores de la biblioteca. Todos los presos deberían recibir el mismo trato sin importar el delito que hayan cometido y el bibliotecario debería poder respetarlos como seres humanos individuales. La imparcialidad no excluye la firmeza y la confianza en uno mismo, estas son otras características personales que permiten que el bibliotecario sea más eficaz. Y para ser considerado un profesional experimentado, el bibliotecario siempre debería demostrar un buen juicio y estar dispuesto a tomar decisiones y asumir la responsabilidad (IFLA, 1995).
Ciertas destrezas humanas pueden hacer que el trabajo con los reclusos sea mucho más fácil. Se pueden desarrollar habilidades comunicativas, que son esenciales cuando se trabaja con personas culturalmente diferentes, lo que incluye la habilidad para escuchar y comprender. Son igualmente importantes las habilidades para solucionar los problemas y también están relacionadas con la disponibilidad de un buen servicio de referencia y de orientación. También ayudan a usar el sentido común y el pensamiento racional cuando se trata con demandas que a menudo son irracionales (Lithgow, 1996).
Las habilidades para la enseñanza son muy útiles; la mayoría de los reclusos no son usuarios "tradicionales" de la biblioteca y necesitan aprender a usar la biblioteca y la tecnología existente. Además, se debe formar y supervisar estrechamente a los presos que trabajan en la biblioteca. Es importante desarrollar las relaciones profesionales con los trabajadores, ya que su cooperación y apoyo son esenciales para facilitar el trabajo en la biblioteca (Manganelli, 1989).
Los bibliotecarios deben tener experiencia profesional en las relaciones públicas y en las técnicas de marketing. Se deben promocionar los servicios bibliotecarios ante los usuarios potenciales, quienes si bien constituyen un público obligado a escuchar, no tiene por qué usar necesariamente la biblioteca.
La censura es un recurso que los bibliotecarios deben saber operar muy bien. A pesar de su dedicación personal al libre acceso a la información, los bibliotecólogos deben reconocer que ciertos materiales pueden ser una amenaza para la seguridad de la institución, por ejemplo obras sobre la fabricación de bombas, fugas de prisiones y artes marciales. Poder aceptar que se impongan ciertas restricciones en la selección de materiales puede marcar la diferencia entre sobrevivir o no en el trabajo (Lithgow, 1996).
Con muchas demandas al mismo tiempo, el bibliotecario deber aprender a tener una visión global para planificar y establecer prioridades. Muchos de los reclusos se convierten en usuarios de la biblioteca por primera vez en la prisión y ven abrirse ante ellos un nuevo mundo. Hay internos que han aprendido a leer con la ayuda de un bibliotecario o un programa de alfabetización de la biblioteca. A menudo, los reclusos que trabajan en la biblioteca prueban al nuevo bibliotecario, pero una vez que él o ella ha pasado la prueba siendo justo, y respetuoso con los internos como con cualquier otra persona, normalmente se vuelven muy protectores y promotores incondicionales de la biblioteca (Manganelli, 1989).

 

Bibliografía

IFLA (1995). Guidelines for library services to prisoners. 2nd revised edition. The Hague, Netherlands: Headquarters, 63 p.

LEHMANN, V. (2003). Planning and implementing prison libraries: strategies and resources. IFLA journal, vol. 29, no. 4, 2003. Pags. 302-319.
LITHGOW (1996). New roles, new skills: library and information services to disavantage users. 62º Congreso General IFLA (25-31 de agost.1996).
MANGANELLI, V. “Le biblioteche carcerarie”. Biblioteche Oggi, 7 (6), nov-dec 89, p. 731-736.
PÉREZ PULIDO, M Y SULÉ DUESA A. (2003) Las bibliotecas de prisión en España: una propuesta de mejora de la gestión y el aprovechamiento de los recursos. En http://www.anabad.org/admin/archivo/docdow.php?id=156. (Consulta 8/07/2005) 19 p.