alicia grinbank

Alicia Grinbank seleccionó para acompañar la entrevista que le efectuó Rolando Revaglatti ,extraídos de www.ortiba.org; en enero de 2015, poemas de su autoría:

La mujer de Lot

Más vale -se dijo-
ser estatua de sal
que errar sin sabor en la boca.
Más vale -se dijo-
que mis pequeños ojos se impresionen
y salgan de sus cuencas y echen a volar
gritar por un instante
encenderme cantar
perder mi nombre para siempre
(¡que se lo lleve Lot como trofeo!)

Más vale -se dijo-
la boca abierta del misterio
lo que no me ordenó Dios
lo que está por verse
lo que no conozco.

(de “Curanto”)

Las que No

Infladas por el viento
las camisas del hombre
aletean
su colorida vacuidad.
No son esposas a la espera
de la ensombrecida bestia de oficina
esposas humeantes de hijos
esposas sociales de brocato en Navidad.
Las camisas del hombre secándose en la soga
saborean ya a cada lengüetazo de sol
el olor del hombre la piel del hombre.
Sin preguntas
como alegres cortesanas.

(de “La balsa de la medusa”)

No es el fulgor de la mañana
en la feria municipal al lado de las vías
ni el alboroto de changuitos
ni el regateo ni el pregón lo que conmueve.
Es a las dos de la tarde cuando levantan los puestos
que la belleza se alza:
esa dimensión de verduras pisoteadas
la fetidez más pura
perros lamiendo el sueño de algo entero
el osario de fierros que cargan los camiones
y esa calle
que no pide agua de socorro
sino -el próximo sábado-
la resurrección.

(de “Pulmón de manzana”)

- ¿Y qué es un traidor?-
-Bueno, es uno que jura y miente-
(“Macbeth” - Acto IV. William Shakespeare)

Sala de Espera

El bebé llora en el joven padre que lo mece torpe:
prueba con el chupete, mueve el cochecito,
lo levanta.
Persiste el arropadito se desgañita
se crispa mal sujeto entre esos brazos incapaces.
¿Y ella? ¿la dadora la dueña la nodriza?
Ya pagó la consulta en recepción y regresa.
Desabotona y descubre su pleno mediomundo
para el ansia del becerro.

Ya no cabes en la escena, joven padre.
Y lejos muy lejos de la niebla de ese goce
te preguntas por qué ella juró alguna vez bajo tu espada
que su manantial sería siempre y solo para ti.

(Inédito)

Escena Final

Está enojado el hombre, iracundo, digamos.
Y es lógico, ella lo ha crispado hasta la puteada.
Sacó de él lo que tanto calló y perdonó y contuvo.
Ahora es un hombre solo en la calle del dolor,
desfilan taxis vacíos parejitas abrazadas
y el hombre vuelve a su casa.
Abre las ventanas y de ella arroja las cartas,
alguna chalina perfumada.
Luego pega el grito. Se deja caer por ese tragaluz infame:
rebota en el patio de planta baja entre condones y verduras
desnucado feliz
por la noticia que ella recibirá a la mañana.

(Inédito)
TANGO BRUJO

Ese que vive en el suburbio
que usa mal los verbos y gasta cursilería en el chamuyo
ése que ciñe el talle en la milonga rea
en el loco giro desde el alma
o en el fangal del dos por cuatro
ése… te cabeceó a vos, morocha:
la sabia la ilustrada la que dice Macbeth de memoria.
Ahora su abrazo apaga la luz de tus páginas urdidas
te hace china cruel percanta
dulce muchachita perfumada.

Y si después el salón se desnuda de sombras y siluetas…
¿qué importa… qué importa del después?







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