JARDIN DE LA GRINGA

El repiqueteo de las gotas de lluvia sobre el techo de chapas de la casa de la Gringa competía con varias de la obras de Chopin. La lluvia caía con una inclinación contra el techo rojo y a dos aguas del muelle. La camelia blanca de seis metros bailaba al compás de la lluvia oblicua. La azalea reservaba su esplendor para los observadores de septiembre. Los limoneros de cuatro estaciones resistían y agradecían la lluvia. El cerco frontal de lantana ejercía de barrera para algún granizo ocasional. El volumen de las hortensias jerarquizaban al jardín y el perfume de la magnolia se opacaba. El viento incitó a bailar al naranjo El ciruelo acompasaba con sus frutos. Silbando se manifestaban las ramas de las casuarinas. El cerco de ligustrina aporta su verde. No sin torpeza se balanceaba el laurel. Muy próximos a la casa, los malvones.
A la gringa le llevo su tiempo desmalezar, puntear la tierra y regar las teclas de un piano ejecutando una pieza de Chopin hecha jardín.

Patricio López